Hablemos de las crisis de la familia

En el mundo de hoy, ya no es ninguna novedad esta crisis.

Esta crisis afecta el modo de vivir, afecta los lazos sobre los que se fundó gran parte de la vida y la historia de generaciones de hombres.

Hasta hay películas que se ocupan de ello; entonces quiere decir que esa crisis existe realmente y es profunda.

Desde el fondo de la historia que la familia existe.

Nació antes que nacieran los Estados o Naciones.

La familia nació como un modelo de vida, para bien o para mal.

La familia es el primer lugar que el hombre conoce, es allí donde aprende sus primeros conocimientos.

Todas las modalidades y contradicciones con que el mundo basa su forma de vivir, tienen su origen y empezaron en una familia.

En la familia, el amor demuestra, sobre todo, su capacidad de perpetuarse y de incidir de manera decisiva sobre la realidad.

Si la familia se acabara, con ella se acabaría una parte esencial de nuestro modo de ser, de nuestra forma de vivir o convivir, de amar y de sobrevivir.

Si la familia llegara a desaparecer y ya nadie se acordara de su existencia, el mismo mundo la volvería a inventar.

El hombre no puede ser feliz sin familia. Y no existe el hombre que no quiera ser feliz.

Por eso el mundo todo, la volvería a inventar.

En la misma medida en que me centro en mí, exigiré al otro que cambie y se adapte a mis deseos; al contrario, si me centro en el otro, intentaré cambiar yo y adaptarme a él.

Este es el enfoque adecuado: “ante cualquier dificultad en la vida de relación todos deberían saber que existe una única persona sobre la que cabe actuar para hacer que la situación mejore: ellos mismos. Y esto es siempre posible. De ordinario, sin embargo, se pretende que sea el otro cónyuge el que cambie y casi nunca se logra (…) si quieres cambiar a tu cónyuge cambia tú primero en algo”  “Las crisis del amor” – U. Burghello).

 La familia siempre ha sido un signo significativo de la transmisión de valores.

Esos valores consisten en la transmisión y continuidad del amor conyugal, del amor fraterno, del amor de un padre y de una madre, que trasciende a la familia misma y que hace que lo sintamos en nosotros mismos, por lejos que estemos del hogar.

El amor no hace mal, y si hace mal, no es amor. El amor siempre quiere el bien del otro. Intentar ser una aportación positiva en la vida del otro, no estar centrado en el que necesito yo, sino entender que amar es cuidar.

Si tu dolor no le afecta, olvídalo. (Montse Barderi) 

Está claro que la familia no ha sido siempre un modelo de armonía, un modelo de amor y concordia.

Evitar discusiones innecesarias. Un principio de higiene conyugal, propia del matrimonio clave, es éste: no discutir. De una discusión fuerte, rara vez sale la verdad. Y hay más de desahogo y de deseo de ganar al otro en el debate, que de buscar el acuerdo entre las partes. (Enrique Rojas)

A menudo, ha sido más bien un espacio de atropellos, violencias y desgracias.

En el plano civil, el divorcio es un trámite que anula un contrato, pero en el plano de Jesús, es un compromiso irrenunciable. Por eso los cónyuges que tienen conflictos entre ellos deben buscar la superación, no la destrucción de su vida matrimonial. (Jesús Domingo Martinez)

Todo esto desconcierta a muchos.

Algunos rechazan el modelo de familia tradicional y se van a vivir en pareja, como se dice ahora.

Se encuentran sus cuerpos y frecuentemente no se encuentran sus almas.

Y al no encontrarse sus almas, su relación se va diluyendo con el tiempo y como consecuencia de ello, terminan también no encontrando sentido el que sus cuerpos se sigan encontrando. Evidentemente esas parejas no logran liberarse del modelo de familia como unión social fundamental.

Todos los estudios sociológicos dignos de crédito que se conocen muestran sin lugar a dudas, que si existe un indicador seguro de éxito en la vida adulta, es la presencia del padre desde que el niño o la niña, tiene edad bastante para salir a la calle. Si existe un indicador seguro de fracaso (abandono de los estudios, drogas, promiscuidad, delincuencia), no es la pobreza: es la ausencia del padre en la última fase de la infancia y en la adolescencia”. (Bárbara Kay)

La familia es el único lugar en el que puede educarse a un niño.

Y ese niño necesita de la estabilidad y de tiempo vivido en unión estable, y de tiempo suficiente para que él sienta que se ocupan de él.

Maldecido seaaquel que al iniciode una historia de amor no crea que es para siempre. (Colette)

El niño necesita de la fidelidad mutua de los que le dieron la vida; vida que es consecuencia de actos responsables que llevan a la continuidad y perduración de la vida.

Un hijo tiene derecho al testimonio del compromiso de sus padres, para aprender a andar por el camino de la prudencia.

 Donde la responsabilidad es la madurez de la libertad.

 Donde el compromiso, es la madurez de la responsabilidad.

Donde el amor es la madurez del compromiso, en un amor debido en justicia que debe abarcar todo el tiempo de la existencia. (Orfa Astorga de Lira)

Mientras tanto, sería bueno seguir pensando, sintiendo, que la vida del hombre consiste esencialmente en nacer, casarse, ser padres y morirse, habiendo sido gente buena, que es lo mismo que decir santos.

La Iglesia será santa, si ustedes, familia, son santas.   (P. Pedro Richards, fundador del Movimiento Familiar Cristiano, en proceso de canonización)

Y eso sigue sucediendo y deberá seguir sucediendo, para bien de la humanidad, en una familia.

Decía el Papa Francisco: “Querer formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, es animarse a soñar con Él, es animarse a construir con Él, es animarse a jugarse con Él en esta historia de construir un mundo donde nadie se sienta solo”.

 

Por: Salvador Casadevall 

Fuente: Catholic.net

Imagen: https://consejonacionaldelaicos.files.wordpress.com/2013/10/familia-1.jpg