Valkis y Marengo

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Paciencia y serenidad

Eran dos conejos pequeños, hermanos, que vivían en la granja de mi tío Ramón. Yo les veía algunos domingos cuando iba con mi familia a ver a mis tíos. Me pasaba mucho tiempo sentada en las escaleras viéndoles corretear y jugar por el campo. Siempre pensaba que los animales se comunican sin palabras y a mí me hubiese gustado conocer su lenguaje. Como nunca lo aprendí me imaginaba, pues fantasía nunca me ha faltado, lo que decían.

Eran muy diferentes, como casi todos los hermanos. Valkis tenía el pelo, suave, de color blanco y orejas puntiagudas y rosadas. Parecía una bolita de algodón. Marengo era gris, muy delgadito pero muy largo e inquieto.

Un día les vi en el césped escarbando. Valkis decía:

-¿Qué haces Marengo?

Estoy mirando la hierba para ver cómo crece.

Si la arrancas no crecerá y no podremos comerla.

No puedo esperar ! ¡Tarda mucho!

Vámonos, que la estás destrozando.  Se fueron al huerto allí estaban las zanahorias que mi tío había plantado. Marengo pensó que les faltaba agua, regándolas mucho crecerían fuertes y grandes. Pasó todo lo contrario, las inundó y al tener tanta agua las raíces salieron flotando y se perdió toda la cosecha.

Cada cosa lleva su tiempo hermanito. No sirve de nada precipitarse.

Cuando estaban hablando Marengo oyó decir a Tulio, el gato, que pronto vendría una guerra. Corrió a contárselo a su hermano, puso a todos a recoger y almacenar alimentos. Cogieron agua del embalse y cerraron todas las ventanas protegiéndolas con maderas para que las bombas no pudiesen estallar dentro de la casa. Cuando Tulio se levantó de la siesta, bostezando preguntó: 

¿Qué os pasa?

Os habéis vuelto locos.

¿No has dicho que viene una guerra? ¿Tú estás tan tranquilo?

He dicho que viene una perra, una  Golden preciosa. Nadie ha hablado de guerra.

Tienes que ser más paciente, asegurarte de lo que oyes y lo que haces, le dijo Valkis. Sus compañeros estaban enfadados, tomaba decisiones precipitadas que no servían más que para crear problemas. Su hermano habló seriamente con él, tenía que pensar las consecuencias de lo que hacía. Tener paciencia tiene muchas ventajas. Prometió que de ahora en adelante procuraría tener más serenidad.

Por: María Luisa Martínez Robles

Fuente: catholic.net

Imagen: http://imagenes.catholic.net/imagenes_db/475b0c_55012.jpg