Amor, Amar, Eros y Ágape.

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Amar implica potenciar la libertad.

En cierto sentido el bien del otro está más allá de los amantes, pero no se llega sin la entrega mutua. Su bien es su plenitud, y en cierto sentido su plenitud requiere del acompañamiento generoso de ese otro que mira y acoge en el amor. El amor tiene un aspecto "afectivo" que busca la unión con el otro y una "efectiva", que busca el bien del otro.

La unión está condicionada a que sea para buscar hacer feliz al otro y no simplemente poseerlo para mi propio deleite, el cual no queda excluido, pero queda condicionado. Si no busco el bien del otro en esa unión, el amor se convierte en concupiscencia, esto es, en egoísmo. Aún si este egoísmo es mutuo. Puede parecer absurdo, pero un mutuo deseo inmaduro de unión que no busca el bien del otro, es un egoísmo compartido que terminará sofocando al amor y la unión misma porque donde no hay amor oblativo (ágape), sino sólo erótico (eros), en el sentido filosófico y platónico de posesión del bien, lo que impera es el dominio, la cosificación e instrumentalización del otro.

Esta es la experiencia de innumerables esposos o parejas que a la vuelta de los años perdieron la pasión unitiva inicial y que hoy son los peores enemigos en unas batallas terribles donde el rencor y resentimiento no perdona que se hayan traicionado en el amor que nunca llegó a florecer y consolidarse porque no lo trabajaron.

Paradójicamente para podernos unir es necesario retraernos del centro y abrir un espacio para que el amado entre y se desenvuelva con toda la riqueza de su ser, de su otreidad. No hay amor cuando uno de los amantes se pone a sí en el centro. Esto lejos de ser un límite a nuestra humanidad refleja nuestra libertad. Nada más contrario a lo carnal o animal, que postergar, reorientar y elevar la satisfacción del instinto, en favor de un bien mayor y por el prójimo. Amar implica  potenciar la libertad.

 

Por: Pia Hirmas 

Fuente: catholic.net

Imagen: http://imagenes.catholic.net/imagenes_db/2cdbd3_15amorad.jpg